¿Por qué de madera?
Más bien la pregunta sería… ¿Por qué no madera?
Durante siglos, la madera fue el material de construcción predominante por su disponibilidad y su condición de material ligero y flexible, fácil de trabajar, cortar y ensamblar, con una excelente relación resistencia-peso. No obstante, su producción y transformación se realizaba mayoritariamente de forma artesana a escala local, y su correcta aplicación dependía en gran medida de la experiencia y el conocimiento de los maestros carpinteros.
Con el desarrollo de la industria y el crecimiento de las ciudades, surgieron nuevas necesidades constructivas que impulsaron la incorporación del metal y el hormigón. El hormigón armado , a su vez, se consolidó como un material versátil y económico, que combina resistencia estructural con la posibilidad de moldearse en distintas formas, favoreciendo una construcción más rápida y eficiente. Su producción se industrializó y estandarizó, al igual que su normativa, optimizando los procesos, reduciendo costes y simplificando su uso. Esta combinación de factores lo convirtieron en el material constructivo predominante a lo largo del siglo XX.
Hoy, sin embargo, somos plenamente conscientes del impacto ambiental asociado a su producción. En los últimos años, la transformación tecnológica e industrial en el sector de la madera ha logrado reproducir la fórmula de éxito del hormigón para responder a las necesidades constructivas y sociales del siglo XXI: estandarización de productos, industrialización de procesos y, además, sostenibilidad.
Además de ayudar a la descarbonización del sector (recordemos que es el único material 100% renovable que absorbe más CO2 del que produce), sus propiedades naturales de aislamiento térmico contribuyen a reducir el consumo energético de la edificación, tanto en las fases de construcción y desmantelamiento como durante su ciclo de vida útil. Por si fuera poco, sus propiedades higrotérmicas contribuyen a regular la humedad de los espacios interiores y favorecen una mejor calidad del aire en la vivienda, al tratarse de un material natural que no emite compuestos orgánicos volátiles (VOC).
No obstante, aunque existen tratamientos y productos derivados de la madera que ofrecen una durabilidad excelente y la normativa vigente es clara en cuanto a las prestaciones exigidas, se trata de un material que requiere un conocimiento específico para optimizar adecuadamente sus cualidades a largo plazo. Por este motivo, resulta imprescindible una formación especializada por parte de los técnicos que intervienen en el proyecto, con el fin de garantizar una durabilidad igual o superior a la de otros materiales constructivos.

